Por qué octubre y no junio
En junio todo el mundo descubre a la vez que su equipo no enfría, y entonces la agenda de cualquier técnico de la costa está llena. Revisar en octubre no es solo más cómodo: es más útil, porque el aparato acaba de trabajar cuatro meses y todo lo que falla está reciente.
Un equipo que ha ido justo en agosto lo dirá en una revisión de octubre. El mismo equipo revisado en junio, tras ocho meses parado, esconde mejor sus defectos.
Lo que deja dentro un verano
El filtro se carga de polvo, y en esta zona de polvo sahariano, que es fino y se pega. El serpentín interior acumula una capa que reduce el intercambio de calor y hace que el equipo trabaje más para dar menos.
La bandeja de condensados y su desagüe acumulan suciedad húmeda, y ahí es donde nace el olor a cerrado que aparece en la primera puesta en marcha del año siguiente.
El salitre en primera línea
En Muchavista, Cabo Roig, Punta Prima o La Mata, el aire marino deposita sal en el serpentín de la unidad exterior. La corrosión avanza despacio y el rendimiento cae un poco cada verano, hasta que un día el equipo ya no da lo que daba.
Un lavado anual del serpentín exterior con producto adecuado cambia por completo la vida útil del aparato. Es la diferencia entre ocho años y quince.
Apagarlo bien
Antes de dejarlo parado hasta la primavera, conviene hacerlo funcionar un rato en modo ventilador para secar el interior. Un equipo que se apaga húmedo y se queda así seis meses es un equipo que huele al volver.
Y si tiene función de calor, no lo apague del todo: úselo en los días frescos de enero. Una bomba de calor rinde mucho mejor que un radiador eléctrico y le sale más barata la hora de confort.
Las normas de la comunidad, mientras no hay prisa
Si está pensando en cambiar el equipo o mover la unidad exterior, el otoño es el momento de leer los estatutos de la comunidad y preguntar al administrador. En junio, con calor y prisa, esa conversación se salta y acaba en una dépose forzada.
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