La diferencia, sin jerga
Un radiador eléctrico transforma la electricidad en calor. Un kilovatio consumido, un kilovatio de calor. Es sencillo y no se puede hacer mejor: es el máximo físico de un aparato que calienta por resistencia.
Una bomba de calor no fabrica calor, lo traslada. Toma el que hay en el aire de fuera, incluso frío, y lo mete dentro. Con el mismo kilovatio consumido entrega varias veces más calor. En el clima de la costa, donde las mínimas de invierno rara vez son extremas, ese rendimiento se mantiene bien.
Lo que eso significa en la factura
A grandes rasgos, calentar la misma habitación con una bomba de calor cuesta una fracción de lo que cuesta con un radiador eléctrico. La diferencia no es de unos céntimos: es un factor.
Por eso, en una vivienda que ya tiene un aire acondicionado con función de calor, usar ese equipo en enero en lugar de sacar el radiador del trastero es la decisión más rentable del invierno, y no cuesta nada.
Dónde el radiador sigue teniendo sentido
Para calentar diez minutos un cuarto de baño por la mañana, un radiador eléctrico es más práctico: es inmediato, no necesita instalación y da igual su rendimiento durante diez minutos.
También en una habitación que se usa dos veces al año, o cuando no hay ninguna posibilidad de instalar una unidad exterior. El error no es tener un radiador, es calentar toda la casa con él todo el invierno.
Lo que estropea el rendimiento de una bomba de calor
Un equipo sucio o mal mantenido pierde una parte importante de lo que lo hacía interesante. El filtro cargado, el serpentín exterior corroído por el salitre, la carga de gas baja: cada uno resta rendimiento, y juntos convierten una bomba de calor en un radiador caro.
De ahí el mantenimiento anual. No es para que dure más, aunque también: es para que siga siendo rentable.
Cómo usarla bien en invierno
Una temperatura estable y moderada rinde mejor que encender y apagar. Un equipo que arranca desde quince grados para llegar a veintitrés gasta más que uno que mantiene veinte todo el día, sobre todo en viviendas con muros que tardan en responder.
Y hay que dirigir el flujo hacia abajo en modo calor: el aire caliente sube solo, y muchos equipos pasan el invierno calentando el techo porque nadie ha tocado la orientación de las lamas desde agosto.


