Todo lo que calienta, y casi nada más
Cuando la factura sube en enero, el reflejo es mirar las luces y los aparatos en espera. Pero en una vivienda normal, la iluminación y el consumo fantasma representan una parte pequeña del total.
El salto de invierno viene casi siempre de tres cosas: calentar el aire, calentar el agua, y en algunos casos secar la ropa. Todo lo demás es ruido de fondo comparado con eso.
Calentar el aire: cómo, no cuánto
La pregunta útil no es cuántas horas se enciende la calefacción, sino con qué se calienta. Un radiador eléctrico entrega un kilovatio de calor por kilovatio consumido. Una bomba de calor entrega varias veces más con la misma electricidad.
En una vivienda que ya tiene aire acondicionado con función de calor, usarlo en lugar del radiador es la decisión que más mueve la factura de todo el invierno, y no cuesta ni un euro de instalación.
Calentar el agua: el termo trabaja el doble
En invierno el agua de red entra mucho más fría, y el termo tiene que calentarla más grados para llegar a la misma temperatura de ducha. El mismo aparato, el mismo uso, y sin embargo más consumo.
Si además la resistencia está cubierta de cal, el aparato trabaja más tiempo para el mismo resultado. Es el momento del año en que una revisión se amortiza más rápido.
La potencia contratada, que se paga aunque no se use
La potencia contratada se paga todos los meses, se consuma o no. Muchas viviendas tienen una potencia heredada de una época en la que se cocinaba con gas y no había aire acondicionado, y otras la tienen demasiado justa y saltan cada vez que coinciden dos aparatos.
Las dos situaciones cuestan dinero, una en fijo y otra en molestias. Medir lo que realmente se usa antes de contratar o rebajar es un trabajo de una visita.
Lo que no vale la pena perseguir
Desenchufar el cargador del móvil o perseguir los pilotos rojos da una sensación de control y casi ningún ahorro. Es tiempo y energía mental gastados en el decimal.
Si quiere un solo gesto útil este invierno, que sea comprobar con qué se calienta la casa. Ahí es donde se decide la factura.


