El cálculo que nadie hace
Una lavadora de siete kilos deja entre uno y medio y dos litros de agua en la ropa después del centrifugado. Si la tiende dentro, esos dos litros pasan al aire de la casa mientras se seca.
Dos coladas por semana durante el invierno son unas sesenta litros de agua liberados dentro de la vivienda. Es más de lo que produce toda una familia respirando.
Por qué aquí sorprende
En la costa nadie piensa en la humedad porque el clima es seco y soleado. Pero en enero, con las ventanas cerradas y una vivienda que muchas veces no tiene calefacción constante, el aire interior se satura rápido.
Los muros fríos hacen el resto: el vapor se condensa donde la pared está más fría, casi siempre detrás de un armario o en el ángulo de una habitación que da al norte.
Dónde tender y dónde no
El peor sitio es el dormitorio con la puerta cerrada: ocho horas durmiendo en el aire más cargado de la casa. El segundo peor es el salón sin ninguna ventilación.
Si tiene terraza acristalada o galería, tienda ahí y deje una ventana entreabierta: el aire circula y el resto de la vivienda queda al margen. Si solo dispone de una habitación interior, tienda en el baño con el extractor funcionando, y cierre la puerta.
La secadora de condensación, y su trampa
Una secadora de condensación recoge el agua en un depósito, lo que resuelve el problema de raíz. Pero necesita una toma eléctrica adecuada y un sitio ventilado: metida en un armario cerrado, calienta y rinde mal.
En una vivienda de alquiler o un apartamento pequeño, a veces la instalación eléctrica es el verdadero límite. Conviene comprobar el circuito antes de comprar el aparato, no después.
Cuándo el problema ya no es la ropa
Si al retirar la colada la mancha del rincón sigue ahí, la ropa solo ha revelado un puente térmico o una filtración que ya existía.
La señal: la mancha reaparece siempre en el mismo punto, y no se va con ventilar. Ahí toca mirar el muro, no el tendedero.




