Dónde hace daño de verdad
El primer perjudicado es el termo eléctrico. La cal se deposita sobre la resistencia formando una costra que aísla, y el aparato tiene que trabajar más tiempo para calentar lo mismo. Se nota en la factura antes que en el agua caliente, y termina con la resistencia quemada.
El segundo son los electrodomésticos que calientan agua: lavadora y lavavajillas. Y el tercero, la grifería termostática, cuyo cartucho es sensible y caro de sustituir.
Dónde solo molesta
Las manchas blancas en la mampara, el cabezal de ducha que pierde chorros y el fregadero con marca son molestias estéticas. Se limpian con vinagre o con un producto ácido suave, y no acortan la vida de nada.
Conviene separarlo, porque buena parte de lo que se vende contra la cal se vende apuntando a estas molestias visibles, que son precisamente las que menos cuestan de resolver.
El descalcificador: cuándo sí
Tiene sentido cuando hay un termo o una caldera que se quiere proteger, cuando la vivienda es de uso permanente y cuando ya se han sustituido resistencias más de una vez. En esas condiciones se amortiza.
Tiene mucho menos sentido en un apartamento de uso vacacional que se ocupa seis semanas al año: el equipo necesita mantenimiento y sal, y un aparato de tratamiento abandonado ocho meses es peor que no tener ninguno.
Los aparatos que prometen sin sal
En el mercado hay dispositivos magnéticos y electrónicos que prometen resolver la cal sin sal y sin mantenimiento. Los resultados son discutidos y desiguales, y la evidencia independiente es mucho más débil que la de un descalcificador de resinas.
No decimos que no sirvan nunca. Decimos que antes de gastar, conviene saber qué se espera exactamente y aceptar que el efecto sobre la incrustación real es difícil de medir en una casa.
Lo barato que sí funciona
Vaciar y revisar el termo cada pocos años, con sustitución del ánodo de sacrificio cuando toca, alarga su vida mucho más que cualquier accesorio. Es mantenimiento aburrido y es lo que de verdad cambia las cosas.
Y en la lavadora y el lavavajillas, usar la dosis correcta de sal y abrillantador y hacer un ciclo en vacío con producto descalcificante un par de veces al año. Cuesta poco y evita la avería cara.

